| El voluntariado ha tenido un rol
preponderante en la lucha contra la pobreza y las desigualdades.
En el 2000, 550 millones de niños
fueron inmunizados gracias a la solidaridad de 10
millones de voluntarios. En Estados Unidos
el voluntariado aporta 239 billones de dólares
por año y en el Perú uno de cada
tres ciudadanos realiza alguna actividad voluntaria.
Sin embargo, a pesar del gran interés de la sociedad
en participar como voluntario, la solidaridad en América
Latina no ha tendido gran desarrollo en gran medida
debido a la carencia de mecanismos financieros, la falta
de orientación que reciben los ciudadanos sobre
como incorporarse al voluntariado y la gran dependencia
que tienen las organizaciones regionales en organismos
internacionales.
Las organizaciones de voluntariado dependen de instituciones
internacionales y donaciones privadas para su sostenimiento.
Estas fuentes de financiamiento son inaccesibles para
aquellas organizaciones sin constitución formal
y, más aún, para aquellos proyectos que
son impulsados por estudiantes. La escasez de recursos
para llevar adelante programas impide el crecimiento
de estas organizaciones lo cuál ha ocasionado
que muchas experiencias con alto potencial no hayan
sido continuadas. Por ejemplo, se estima que el 97%
de las organizaciones voluntarias en Bolivia no cuentan
con infraestructura de trabajo como computadores, teléfonos,
fax, escritorios y otros materiales.
Adicionalmente, se detecta una escasez en la presencia
de las organizaciones y programas de voluntariado en
los medios de comunicación. Esto dificulta la
incorporación de voluntarios, ya que muchas personas
desconocen las opciones disponibles. Según una
encuesta realizada en Brasil, el 83% de los brasileros
encuentran que el trabajo voluntario es muy importante
para el país, sin embargo sólo el 12%
de la población realiza algún tipo de
acción voluntaria. Otra encuesta brasilera revela
que un 54% de los jóvenes de este país
serían voluntarios, más no saben por donde
comenzar . En Perú, 16% de los entrevistados
no realiza trabajo voluntario porque no saben como acercase
a el . En contraste, en Estados Unidos nueve de cada
diez individuos hacen trabajo voluntario cuando se les
solicita . Al mismo tiempo, el voluntariado en América
Latina tiene altas tasas de deserción, llegando
a registrar tasas del 60% como es el caso de Brasil.
Despacho de la Primera Dama de la Nación, Centro
Boliviano de Filantropía, Voluntariado en Bolivia,
Estado de Situación, Santa Cruz de la Sierra,
Bolivia, 2001. Encuesta realizada por Datafolha el 8
de octubre de 2001. CPM Market Research, 1999. “El
Trabajo Voluntario en el Perú: Resumen Cuantitativo”,
Centro de Investigación de la Universidad del
Pacifico, 2001.“Giving and Volunteering in the
United States”, 2001; Independent Sector.
La dependencia de las organizaciones de voluntariado
en los países en vías de desarrollo es
evidente. Estudios realizados por la Iniciativa Interamericana
de Capital Social, Ética y Desarrollo del Banco
Interamericano de Desarrollo revelan que la falta de
autonomía y dependencia de organizaciones internacionales
genera conflictos en la concepción de proyectos,
la detección de prioridades locales y el logro
de un sostenimiento autogestivo. Por otra parte, los
propios voluntarios atribuyen el poder colaborar al
desarrollo de sus países como uno de los beneficios
obtenidos por su trabajo. Es decir, la solidaridad tiene
que iniciarse en el propio país.
La solidaridad es un componente necesario para la reducción
de la pobreza. En América Latina la pobreza alcanza
el 44% de la población, lo cuál demuestra
lo indispensable que es buscar soluciones innovadoras
al desarrollo. Dentro de este esquema, el voluntariado
puede hacer grandes contribuciones como lo ha demostrado
en emergencias humanitarias, procesos democráticos,
manifestaciones por la paz, entre otros.
Lamentablemente, la solidaridad en América Latina
se encuentra sola y necesita el apoyo de la región.
Los medios de comunicación deberían de
informar más sobre la importancia que tiene el
voluntariado; el gobierno debería de cuantificar
esa contribución y crear incentivos que faciliten
la incorporación de voluntarios; las empresas
deberían de ofrecer asesoramiento y financiamiento
y las universidades deberían de crear oportunidades
de voluntariado para sus estudiantes. En fin, el voluntariado
sólo podrá contribuir al desarrollo siempre
y cuando lo dejemos.
Licenciando en Administración de Empresas. Ha
sido consultor del Banco Interamericano de Desarrollo
y la Organización de los Estados Americanos.
Actualmente es coordinador de la Red Universitaria de
la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética
y Desarrollo del BID
www.iadb.org/etica y editor del boletín Ética
y Desarrollo
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